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¿DÓNDE CAEN LOS ÁRBITROS DE AJEDREZ?. Por IA Jose Gauna

Jul 3, 2021 Arbitraje

Desde que en 1988 me di a las faenas del arbitraje, siempre me hice la pregunta (ante el constante miedo escénico que me invadía) ¿Qué debo hacer y qué no debo hacer para no caer en este intento? Por supuesto había una gran ventaja para mí en estas lides ya que trataba de compaginar y sobrellevar las funciones de atleta y árbitro, cosa que pocos árbitros de la época y creo en esta época también conllevan. Saber lo que piensa un jugador práctico de alto rendimiento  y compaginarlo con las reglas plenamente conocidas y comprendidas fueron un estímulo que me ha mantenido a lo largo de 30 años de ver acciones, opiniones, comentarios, diatribas, artículos de prensa, cambios de reglamentaciones coherentes e incoherentes, etc.

Los foros sobre arbitraje del ajedrez también han sido una gran escuela, sobre todo cuando los que opinan son gente bisoña o iletrada en estas artes, y se preguntarán ¿porque?, bueno muy fácil, al igual que el gran maestro Victor Korchnnoi opinaba que sus mejores preparaciones las obtenía viendo partidas de jugadores mediocres que cometían continuos y severos errores en sus partidas, así nosotros comprendimos que en un ambiente de perfección no puede haber entendimiento ni progreso dialéctico ni intelectual del arbitraje. Por ello hace falta que gente poco instruida haga preguntas o realice conjeturas, sobre todo para sopesar lo que son las situaciones poco regulares o ininteligibles que se presentan durante un laudo arbitral.

Los “árbitros de barras en los hombros” tienen una gran ventaja sobre aquellos árbitros que comienzan en sus labores como impartidores de ley, ya que se mueven en un mundo de tranquilidad, en torneos donde casi no se percibe el ruido, la falla o las imperfecciones reglamentarias, mucho menos las discusiones sobre acciones irregulares poco conocidas e incomprensibles. Los árbitros de poca experiencia les toca moverse en medios hostiles, agravados, inconexos, de muchos pedidos de cuenta y decisiones…por ello les respeto mucho, alguna vez fui uno de ellos.

Un profesor que tuve en la universidad me decía: “Prefiero que me hagan preguntas tontas, ya que estas me hacen ver más inteligente”, las preguntas inteligentes muchas veces no pueden ser contestadas o en su carencia generan respuestas poco complacientes o inteligentes. En el arte del arbitraje, comúnmente se aprende de reflexiones poco acuciosas, de malas interpretaciones del reglamento, más no de su desconocimiento.

Es tarea de los árbitros con experiencia y crédito homologar y refrendar sus experiencias por medio de la escuela vívida, por medio de las acciones literarias, publicitarias, el escrito académico, para así nutrir la red de información que pueda hacer crecer a la vez la enorme planta del saber de los reglamentos en el ajedrez. Lamentablemente ese es un legado que pocos árbitros internacionales, lectures o seniors se dan por enterados o entregados. Ese legado aún no ha sido entendido, tal y como no existe un verdadero legado en la transmisión del verdadero arte y escuela de creación de Grandes maestros del ajedrez.

Me doy ahora a la tarea de otorgar algunos consejos sobre la manera y formas de actuar de un árbitro candidato a la maestría, sobre todo aquellas que se viven más consecuentes en los torneos y partidas vivas, con la esperanza que sean acogidas bajo la luz de una comprensión flexible y adecuada a las circunstancias.

¿Quién es un árbitro de ajedrez?

El árbitro de ajedrez es la máxima figura en la impartición de justicia en una prueba ajedrecística. Es la persona que hace observar, comprender y respetar las leyes, reglas, condiciones y pautas de un torneo, competencia o prueba del ajedrez. Sus funciones técnicas son de absoluta prevalencia, pero correlacionadas con las pautas y reglas de competición impartidas y dictaminadas por los organizadores y administradores de los eventos.

Los árbitros son discriminados por títulos y relativamente sus funciones dentro de un torneo serán repartidas según su experiencia técnica, cultural, educativa y administrativa. Sin que esto sea un estado denigratorio, los más altos cargos dentro de una labor de torneo deben ocuparlos árbitros de connotada figura y experiencia, incluso muchos árbitros recién graduados de árbitros internacionales, muchas veces, se quejan que no se les dé una plaza como principales o directores técnicos de un evento, sin contar que para ello, los organizadores siempre evaluarán la jerarquía no simplemente en edad dentro del arbitraje, sino ciertas disposiciones de valores y principios intelectuales que hayan observado en árbitros de larga trayectoria.

Esto no debe chocar a nadie, pues todos debemos pasar por esos filtros que en resumidas cuentan permiten una mejor capacitación y protección de los árbitros que comienzan.

En este punto es importante hacer una reflexión gnoseológica y dialéctica sobre las propiedades de los árbitros. Un buen día un árbitro auxiliar me preguntó ¿Cuál es la diferencia entre un árbitro de mesa y un árbitro principal o entre un árbitro regional y un árbitro internacional?, yo inmediatamente le contesté: ¡Ninguna! Ambos deben saber lo mismo. Sería absurdo pensar que un árbitro internacional nada más por el rango debe conocer plenamente las reglamentaciones y leyes y el más bisoño no está obligado a dominarlas. Ambos tienen responsabilidades que cumplir y quizá un árbitro de mesa o un árbitro regional está más obligado a demostrar ese dominio. Por ello la preparación, instrucción y educación en un proceso interminable del árbitro es vital en todas sus etapas de formación académica y práctica.

La diferencia en realidad es virtual y se estima en el orden del dominio de las emociones y manejo de la psiquis. Se supone que un árbitro experimentado y con largos años de  manejo técnico administrativo sabrá apartar de sí toda manipulación indebida de las leyes y se someterá a una moral cónsona con los deberes y derechos del sistema. Pero los árbitros que comienzan, deben bosquejar esa comprensión, por lo menos establecerla como marco teórico para su perfeccionamiento futuro, con el tiempo los elementos definitivos vendrán a formar parte del dibujo total de la obra artística llamado “árbitro del ajedrez”.

En el campo del arbitraje son válidos los conceptos clínicos sobre el recurso homeostático y su influencia en el organismo. Por ejemplo conociendo como se divide la función fisiológica y hormonal que afecta la neuronal, los vocablos estrés, distrés y eutrés nos resultan familiares.

Un árbitro demasiado estresado cae, cuando los estados depresivos que  genera la competencia influyen sobre él, acortando su poder de conocimiento y manejo de las situaciones. Muchas veces prefiere huir que enfrentar sus responsabilidades, es aquí cuando conocemos a los llamados “árbitros de retrete” es decir aquellos que cuando se presenta un llamado a actuar o decidir siempre se encuentran en el baño. Esto en otros deportes no se ve, ya que la presencia física del árbitro de ajedrez hasta el reglamento y leyes fide la excusa (Deus animam meam ab his inconvenientia) cuando hace reglas de competición bajo supervisión de árbitros y otras sin supervisión de los mismos. Este estado promocional del ajedrez, en nuestra opinión debe desaparecer de las leyes FIDE.

El segundo caso es el del árbitro eufórico (eutrés) aquél cuyas interpretaciones y decisiones en la mayoría de los casos está por encima de lo que dice la letra, causas y efectos legales del reglamento. Este es el árbitro “más popular”, a veces hasta odiado, pues es el que más se nota, haciéndose eco de las opiniones encontradas de los “críticos” de oficio, discute todo y reniega hasta de su propia condición moral y ética. Muchas veces hasta sus colegas y superiores temen enfrentarlo (so pena de chocar contra una pared). ¿Qué tiene de bueno? ¡Que siempre está presente en cualquier discusión o impartición de laudo, aunque este no esté bajo su responsabilidad.

En comparación con el árbitro ausente o de retrete, merece un poco de alabo, pero ¡Hasta allí! , La inconveniencia de tomar un laudo arbitral alejado de una buena y correcta interpretación de los artículos de las leyes y sometidos al escarnio personal o particular siempre serán atributos de este tipo de árbitro. Comúnmente un buen árbitro, conocedor y dialéctico sabrá aguardar su torno para opinar cuando sus colegas están fallando en una discusión.

Por último está el árbitro apático, indiferente, introvertido, neutral (distrés). No ve nada, no sabe nada, no escucha nada, no huele nada, no toca nada…!Quizá respira!. Es una pena cuando enfrentó a este tipo de árbitros especialmente aquellos que por alguna razón ya son árbitros internacionales, conocidos y vanagloriados. Su consigna principal es “Si mi árbitro auxiliar tomo una decisión, debo respetarla y debe acatarse”. Ó “Yo no estuve allí, así que cómo principal no puedo opinar”, ¡así se le esté jalando con una grúa nunca se aparta de la mesa técnica!. Es decir se gana sus reales sentado.

Muchas veces y ante la ausencia de un anotador es incapaz incluso de pasar el pgn de una ronda. No se queja de nada y puede ser de fácil manipulación por parte de jugadores, organizadores y de sus propios colegas.

Ya hemos visto los tres estados clínicos o psicológicos del árbitro de ajedrez, los cuales rayan casi en enfermedad. Ahora debemos entrar en la etapa del consejo, de las obligaciones, atribuciones y propiedades de un buen árbitro sea cual sea su jerarquía:

  1. Un árbitro debe demostrar profundo conocimiento de las leyes. No solamente lo que puedan decir las Leyes para torneo del ajedrez FIDE, vigentes y estandarizadas, sino un dominio completo del Hand Book y de las regulares acciones y actividades de la teoría ajedrecística.
  2. Ser predominante en la objetividad de los hechos, más que someterse a cuestiones accesorias y subjetivas
  3. Preocuparse por aprender (leerlos, entenderlos o acaso hablarlos) aunque sea dos idiomas más aparte del nativo
  4. Ser consecuente y consuetudinario con su actividad como árbitro. Aquí es primordial el famoso precepto “la práctica hace al maestro”. Un árbitro que presta funciones una vez a la cuaresma es sin duda alguien que tenderá a fallar y caer, tanto en el conocimiento, actualización e interpretación de las leyes.
  5. Ser estricto cuando es necesario y ser flexible cuando esa necesidad no afecte los laudos a impartir
  6. Debe comprender que las leyes son letra muerta sino se aplican. Así mismo debe ser observante y crítico de las reglas que posean incoherencias o sutilezas no ajustadas a derecho.
  7. Debe enriquecerse culturalmente, ser disciplinado y mantenerse actualizado con experiencias pragmáticas del ajedrez competitivo.
  8. Debe mostrar absoluta imparcialidad a la hora de tomar decisiones y laudos a impartir.
  9. Su imagen debe emanar autoridad pero confianza, excelencia pero sobriedad, integridad pero armonía, humildad pero dignidad.
  10. Facilitar el conocimiento de las faltas deportivas, del acervo del fair play y del respeto a las normas vigentes anti-trampas.
  11. Dar explicaciones oportunas, claras y precisas sobre las decisiones o laudos que pudo haber tomado durante una partida o evento.
  12. Un árbitro debe imponer sanciones cuando sean obligantes, pero deberá someterlas siempre a la conducta educativa, la advertencia nunca estará de más. Al igual que en la técnica ajedrecística, la profilaxis es un buen laxante de las rigurosidades del sistema.
  13. Debe estar consciente de sus responsabilidades administrativas, en cuanto al manejo de archivos, papeletas de anotación, seguridad del material de juego, salubridad y aseo del área de competencia, presencia y vestimenta de los jugadores y demás árbitros, control adecuado de los fanáticos u observadores, antes durante y después de los juegos, publicación oportuna y adecuada en sitios visibles y de fácil acceso de los pareos y tablas de clasificación, así como de los reglamentos y reglas de competición de los torneos arbitrados.
  14. Ocuparse de las labores de transcripción de partidas para ser convertidas en bases de datos en pgn, es una tarea que pocos árbitros realizan, pensando que es labor de una anotador oficial, pero esto muchas veces no está bajo el presupuesto de los organizadores, por lo tanto nuca estará de más hacer observaciones y colaborar al respecto.
  15. El árbitro debe decidir si todas las condiciones de un área de juego cumplen con los requisitos básicos y fundamentales que exige la FIDE. Ventilación, iluminación, ornato, limpieza, salubridad, calefacción o aires condicionados en buen estado, cercanía a sanitarios, uso de aparatos electrónicos, monitores pantallas digitalizadas etc. deben estar bajo la supervisión y control de un buen árbitro.
  16. Un buen árbitro nunca abandona la sala de competencia sin permiso de sus superiores, o aun siendo el principal debe de informarlo a sus subordinados.
  17. Debe velar por la integral conducta de los jugadores y que estos no violenten o violen las leyes del ajedrez.
  18. Nunca un árbitro debe molestar con su presencia continua a los jugadores, sobre atendiendo las mesas y comportándose como un analista improvisado de los juegos, antes durante y después de las partidas.
  19. Un árbitro debe vestir adecuadamente, incluso podría exigir a los organizadores que le invitaron o lo propusieron arbitrar, la vestimenta adecuada y representativa.
  20. Un árbitro debe saber cuánto ha de ganar por su salario antes de emprender labores de arbitraje. Los organizadores y árbitros deben respetar estos procesos administrativos y llevarlos a una escala honorable.

«EL REGLAMENTO Y LAS LEYES NO HACEN A UN BUEN ÁRBITRO, PERO LO CONTROLAN»

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